Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley. Deuteronomio 29:29

Probablemente te identificarás con su contenido, ya que las situaciones que sirven de inspiración no han cambiado: cada día encuentro personas que están pasando por las mismas experiencias que yo he vivido.

El Dios todopoderoso permite y hace cosas, en ocasiones, inexplicables para nosotros. Al no comprenderlo lo juzgamos y llegamos a condenarlo; incluso, en diferentes circunstancias he escuchado a personas maldecir el nombre de Dios al no entender el porqué de lo que sucede.

Hace apenas algunos años, en El Salvador, un terremoto acabó con la vida de cientos de personas. Cuando sucedió esta tragedia, tuve la oportunidad de leer un periódico de ese país, el cual decía: “¡Dios, no nos castigues más!”.

Cuando sucedieron los terribles hechos en el World Trade Center, el fatídico 11 de Septiembre de 2001, muchas personas preguntaron: Dios mío ¿por qué? Hay un principio que no falla, y tú debes tenerlo claro en tu mente: Dios no puede hacer mucho por ti, si estás fuera de su perímetro. Dios no puede proteger tu vida, no puede proteger tu hogar, más aún, Dios no puede proteger tu nación, si en ese lugar no le están dando el sitio que le corresponde.

La palabra de Dios es muy clara con este principio que aparece en el libro de Gálatas

“No os engañéis, nadie puede burlarse de Dios. Todo lo que el hombre siembre, eso también segará.”Gálatas 6:7

Una ley de la Física, la tercera ley de Newton, dice: “A toda acción corresponde una reacción de la misma intensidad, pero en dirección contraria.”

En consecuencia, si tú siembras cosas buenas, se espera que coseches cosas buenas. Pero cuando no siembras cosas buenas, es natural que coseches cosas que no son buenas.

Cuando echas un vistazo a los lugares afectados por grandes tragedias, podrías preguntarte: ¿Será cierto que Dios está castigando? O ¿puede Dios proteger una nación, ciudad, o familia que se encuentra fuera de su cerco protector?.

Cómo podía Dios proteger la ciudad de Nueva York? ¿Cómo podía proteger el condado de Manhattan, cuando en el mismo lugar en el que las torres se desplomaron, cada noche, en toda esa zona se encontraban cientos, miles de personas, echando por tierra todo vestigio de la imagen de Dios, y deshonrándolo de la manera más terrible? ¿Cómo puede Dios proteger una ciudad en la que cada día se masacran y asesinan muchas personas de diferentes maneras y sin escrúpulos? ¿Cómo puede Dios proteger a un pueblo que lo ha dejado de lado utilizando su propia fuerza para cumplir con “supuestos” ideales?.

Todas estas preguntas solamente alcanzarán respuestas en forma individual. Necesitamos conocer a Dios para poder entenderlo: si no lo conocemos, no podremos entender por qué actúa como actúa. Y si aun conociéndolo no pudiésemos entender, estaríamos dispuestos a seguir confiando, porque tenemos la certeza de que Él es digno de confianza. Para comprender mejor este capítulo, volvamos a ver el principio de siembra y cosecha que la Palabra de Dios nos presenta en Gálatas 6:7. “Lo que tú siembres, eso también cosecharás.” En tu relación con Dios, si siembras fidelidad, cosecharás fidelidad.

“Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Daniel 3:15 – 18

Esos muchachos eran valientes. Atreverse a decirle en su cara, al monarca más poderoso de la tierra en ese momento, que no iban a adorar la estatua que él había levantado, era un atrevimiento, un desafío, y significaba muerte segura. ¡Y miren qué palabras utilizaron!:

“Rey, el Dios a quien nosotros honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiente, y de tu mano nos librará.”</blockquote class=”quote centered”>

La Fé actúa.

Esa fue una impresionante manifestación de fe. ¡Qué seguridad y qué clase de confianza! Pero hubo más fe aún en la segunda expresión: “Y aunque Él decidiese no librarnos, aunque Él deje que nos quemen vivos, no adoraremos a la estatua que has levantado.” En otras palabras, nuestra fidelidad a Dios es incondicional. Somos fieles a Dios no sólo por las cosas buenas que nos da y por los favores que de su mano hemos recibido o porque Él nos ha rodeado de cosas buenas… ¡Somos fieles a Dios, incondicionalmente!

El rey se enojó y ordenó que los arrojaran al horno que había sido calentado siete veces más de lo normal. El monarca esperaba que los cuerpos fueran consumidos al instante, pero ¡no!, allí estaban paseándose; porque el Dios de ellos había venido a visitarlos. Dios estaba con ellos. Y allí, caminando, dialogaban. Cuando el rey los vio, tembló. Tú conoces el resto de la historia: los muchachos salieron ilesos. ¿Crees que Dios pudo haber evitado que los arrojaran al horno de fuego? ¡Claro que si! Pero no lo hizo porque ésa es la manera misteriosa como Él trabaja.

Dios pudo evitar el fuego en tu vida y no lo hizo. Dios, en más de una ocasión, pudo evitar esas pruebas por las cuales tuviste que pasar, o aun, las que estás pasando hoy mientras lees las páginas de este libro, pero no lo ha hecho. ¿A veces te sientes abandonado? ¿Sientes que no le importas a Dios porque permitió el fuego? Mi querido amigo o amiga, el fuego no es una maldición cuando Dios lo permite. Cuando Dios deja que el fuego venga a tu vida está cumpliendo un propósito contigo, te está preparando para tiempos mejores, te está moldeando para experiencias más grandes y plenas. Si te atreves a confiar en Él, la prueba va a ser una gran bendición para tu vida. Los jóvenes hebreos lo entendieron así y por eso fueron fieles. ¡Y Dios fue fiel con ellos!

Por:Pastor Richard garcía.